En una calle estrecha y silenciosa del barrio de Gracia de Barcelona se encuentra el Centre Jove d’Atenció i Sexualitat (CJAS). La quietud que se respira fuera no se traslada en el interior. El teléfono no para de sonar y los trabajadores se desplazan rápidamente por el pasillo. De hecho, unos 2.500 jóvenes pasan por el centro cada año, donde les ofrecen servicios como el asesoramiento de métodos anticonceptivos, pruebas de embarazo o detecciones de infecciones de transmisión sexual. Además, se ofrecen distintos talleres y acompañamientos a las personas para tratar el sexo de una forma más abierta y educativa.

En una entrevista con el director del CJAS, Jordi Baroja, nos explica que en el centro defienden los derechos sexuales y reproductivos, mediante una lógica feminista.

         

P ¿Cuál es vuestra razón de ser?

R– Partimos de un paradigma de derechos sexuales y reproductivos. Se trata de un modelo de atención biográfico que pretende superar el modelo biomédico, por los cuales la sexualidad es solo una cuestión de riesgos, de los embarazos, de los miedos…, donde no se habla del placer ni de las emociones. También tenemos una mirada feminista y somos conscientes de que estamos en una sociedad heteropatriarcal y, por lo tanto, esto condiciona mucho en cómo nos posicionamos como hombres y como mujeres.

Nosotros atendemos a todo aquel que entre por la puerta, nos da igual si tiene tarjeta sanitaria o no. Y nuestra atención (ya sea presencial o telefónica) es anónima, gratuita y confidencial.

P ¿El placer o el deseo son temas que hacen mover a los jóvenes hacia vuestra Asociación?

R– Las visitas de la población joven y adolescente son muy valiosas. Sin embargo, normalmente estas visitas son motivadas por una necesidad de urgencia. Cada año vienen unos 2.500 jóvenes presencialmente y básicamente los servicios más recurrentes son la pastilla del día después y las pruebas de embarazo.

Nunca nos han enseñado que el tema del placer es un tema prioritario. Se suele educar sobre la sexualidad desde una perspectiva de miedo y de riesgos. Pero cuando alguien entra por una necesidad de urgencia intentamos plantear estos temas, a la vez que hacemos una detección de violencia machista. Existe una distorsión de lo que es la violencia machista, ya que sólo la asociamos a la agresión. Pero la celosía, los controles, la sumisión del placer de ella al placer de él son tipos de violencia que quedan más escondidos.

P ¿Por vuestra Asociación, pasan más mujeres que hombres?

R– Sí. Una de las razones es por la historia que tiene la Asociación y, por otro lado, por una cuestión cultural. Ello significa que a menudo las funciones de cura y de reproducción se han delegado a la mujer y, por lo tanto, la responsabilidad. Es por este motivo, que los hombres no se sienten interpelados en estas situaciones. Cabe decir, también, que ofrecemos servicios exclusivos a mujeres.

P ¿Acoger a los hombres es una de las herramientas para que haya una mayor toma de conciencia por parte de la población?

R– Sí. Queremos montar grupos de chicos. Un 20% de la gente que atendemos son chicos. Esto supone un dato mejorable, pero estamos orgullosos porque es muy difícil que los chicos acudan a este tipo de servicios. Nuestra intención es hacer un trabajo con ellos a través de intervenciones educativas grupales. El problema es que los espacios mixtos son siempre más difíciles de trabajar. Sin embargo, no significa que para tratar la sexualidad sea necesario una separación de género, si no que depende de cuál sea objetivo, convendrá mejor hacerlo de una manera o de otra.

Jordi Baroja: “Hasta hace poco nuestro centro se denominaba «Centre Jove d’Anticoncepció i Sexualitat». Pero a partir de ahora será el «Centre Jove d’Atenció a la Sexualitat». La palabra anticoncepción podía excluir tanto a los colectivos LGTB, como a las personas que les preocupaban otras cuestiones de la sexualidad”.

Educar con talleres

Q¿Cada cuánto hacéis talleres en el centro?

R– Hacemos uno cada día. Más o menos, suponen unos 250 talleres al año, incluyendo las formaciones en centros de menores, centros de acogida… La intervención más larga es la que hacemos a los centros de menores tutelados (CRAES); por la que hacemos cinco sesiones de dos horas.  

P ¿Cómo gestionáis la formación ofrecida en los talleres?

R– Intentamos adaptarnos a las dos o cuatro horas que dura el taller; pues no podemos tratar con la profundidad que quisiéramos algunos aspectos de la sexualidad. Damos pequeñas pinceladas sobre mandatos de género, poniéndoles sobre la mesa los mitos y las verdades absolutas sobre cómo hemos de vivir la sexualidad, para que se cuestionen las cosas.

P¿Seguís algún tipo de metodología?

R– Primero conceptualizamos lo tratado. Es decir, hay un trabajo de análisis crítica, de hacer lecturas y un proceso formativo que sirve para situar a uno mismo. Luego, intentamos que cada uno identifique su masculinidad, su feminidad, cómo se sitúa, cómo se posiciona, sus vivencias, sus tabúes, sus miedos… Y, finalmente, hay un trabajo pedagógico sobre esto. Por ejemplo, intentamos analizar productos culturales mainstream para que, algunas cosas que eran invisibles, lo dejen de ser.

Siempre buscamos que la gente participe con libertad; de la misma manera que respetamos a los que no quieren tratar según qué temas.

P¿Qué demanda hay por parte de las escuelas para hacer este tipo de talleres?

R–  Hay una demanda muy variada; teniendo en cuenta el contexto social en el que estamos, por el que no hay una educación sexual. Por eso, depende del profesorado y del equipo directivo el hecho de hacer alguna formación. Actualmente, en el mejor de los casos, las escuelas piden una intervención sobre sexualidad, otra sobre drogas, sobre bullying… Sin embargo, hay muchos que no están motivados para llevar a cabo prácticas de este tipo; así que se podría decir que es una lotería que te toque un centro educativo donde hagan alguna cosa… Lo ideal sería que las escuelas luchasen por incluir la educación afectivo-sexual en el currículum escolar.

Jordi
Director del CJAS, Jordi Baroja. Imagen propia: Andrea Vargas Torrentó

P- ¿Son las escuelas las que os vienen a buscar o sois vosotros quienes van a buscar a las escuelas?

R- Son las escuelas las que nos vienen a buscar porque están preocupadas por algún tema en concreto. La violencia machista es uno de ellos. Pero son intervenciones puntuales y una de las razones que dan es que no tienen más tiempo.

P- ¿Os habéis planteado expandir vuestro centro hacia más escuelas?

R- Sí, pero iría un poco en contra de nuestra lógica como centro. Nuestro objetivo es ser capaces, desde nuestro centro, de generar conocimiento para hacer cambios estructurales a través de la incidencia política. Ello significa que debemos apretar a la administración para que complemente la educación afectivo-sexual. Se trata también de convertir el Centro Joven en un observatorio de la vulneración de los derechos sexuales. La situación de las menores de edad que no pueden interrumpir el embarazo por prohibición de los padres o la falta de información son vulneraciones de derechos.

“La pornografía no garantiza una educación afectivo-sexual, si no que reproduce, de forma amplificada, muchos de los mitos de las relaciones sexuales machistas”.

P- ¿Cómo crees que afecta la pornografía en la educación sexual?

R- La pornografía se presenta en un contexto, en el cual hay mucha curiosidad sobre la sexualidad. Pero la pornografía no garantiza una educación afectivo-sexual. La pornografía reproduce, de forma amplificada, muchos de los mitos de las relaciones sexuales machistas. El placer de la mujer se vuelve objeto del placer del hombre y eso genera un imaginario sexual.

Hace falta un planteamiento que erotice situaciones más habituales. Porque el deseo de puede crear, se puede condicionar.

P- ¿Pero crees que existe una línea de la pornografía alternativa?

R- Existe un porno que se autodenomina feminista, pero que termina siendo un porno “light”; no rompe con los clichés. Aún nos queda un largo camino por recorrer.

P- ¿Cómo se consigue que un joven obtenga una mirada crítica de la pornografía?

R- Una opción sería poner una película de Disney o alguna cosa de adolescents.cat y poderlo deconstruir. Cualquier material puede ser interesante a nivel educativo. La cuestión es cambiar la mirada con la que lo estamos viendo. Se trata de hacer una lectura crítica de la pornografía convencional. Pero antes de hacer esto, deberíamos romper algunos tabúes y tratar la sexualidad de forma más abierta.

“Hay que saber hasta qué punto estás dispuesto a hablar de sexo con tus hijos. Es importante diferenciar lo que es un tabú de lo que forma parte de la vida privada”.

La actitud de los padres

P¿Cómo se posicionan los padres ante la educación sexual?

R– A los adultos no se les ha enseñado a hablar de sexualidad. Lo ideal sería que hicieran un trabajo con sus hijos desde la infancia, ya que no sirve de mucho empezar a hablar de repente sobre los riesgos cuando le viene la regla a tu hija. Sin embargo, antes hay que haber reflexionado sobre los puntos débiles de cada uno, es decir, saber hasta qué punto estás dispuesto a hablar de sexo con tus hijos. Es importante diferenciar lo que es un tabú de lo que forma parte de la vida privada. Uno mismo se debe preguntar si es una cosa que se ha ido normalizando; empezando con el respeto al cuerpo desnudo, el respeto al propio cuerpo, la autoestima… O analizar si es algo a lo que hemos puesto eufemismos. Todo eso condiciona la forma en la que vivimos la sexualidad.

P- ¿Hacéis charlas para los padres?

R- Hacemos charlas tanto a familias de adolescentes como a familias de primera infancia. Lo ideal para nosotros sería trabajar por itinerarios, lo cual significa trabajar unos contenidos u otros según la etapa en la cual se encuentran los hijos. Por ejemplo, con las familias de primera infancia se trabaja cómo es la piel, el nombre de las cosas… Cabe decir, el número de familias interesadas cada vez es mayor.

P- ¿Cómo se le explica a un niño pequeño qué es el sexo?
R- Se trata de ir alimentando la curiosidad sobre las preguntas que van saliendo acerca del sexo. Poner una definición no deja de tener un punto artificioso. Por lo tanto, lo ideal es que vayan descubriendo sobre la marcha, respondiendo las preguntas que corresponden a cada franja de edad.

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Muestra de los diferentes folletos expuestos en las mesas del CentroImagen propia: Andrea Vargas Torrentó

Vivir la sexualidad

P- ¿Crees que los hombres y las mujeres vivimos diferente nuestra sexualidad?

R- ¿Vosotras qué creéis? -Pregunta Baroja con un tono desenfadado.

P- Que sí

R– Totalmente diferente. Nos han educado de forma diferente a la hora de vivir nuestra sexualidad. Los roles hegemónicos aún continúan persistiendo. De hecho, cuando les hacemos dibujar sus genitales, todo el mundo tiene claro cómo dibujar los masculinos; por contra, las niñas tienen problemas para dibujar los suyos. Existen más tabúes en la sexualidad femenina, como por ejemplo, el de la masturbación.

P- Comentas que viven diferente su sexualidad por una causa cultural, pero ¿crees que también entra en juego la cuestión natural?

R- Existe un gran debate sobre eso. La expresión del deseo puede ser tan diferente que no veo por qué tendría que estar condicionada biológicamente. Normalmente, se dice que los hombres tienen más necesidad sexual por una cuestión biológica. Yo creo que no es así, pero forma parte de una conducta socialmente más aceptada.

Links de interés

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El entrevistado, Jordi Baroja, junto con las entrevistadoras, Andrea Vargas Torrentó y Laura Serrat Casamitjana (de derecha a izquierda). Imagen propia: Raquel Gómez Rodríguez

Autoría: Laura Serrat Casamitjana (@LauraSerratC) y Andrea Vargas Torrentó (@andreew04)

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