En las nuevas y en las tradicionales. Entre lo mainstream y lo ético. Desde el origen de la representación gráfica de la sexualidad hasta su posterior expansión, el mundo del porno ha estado rodeado de diversas polémicas. ¿Cuál es la realidad del porno delante y detrás de las cámaras? ¿La pornografía puede tener una función social? Y si la tiene, ¿cuál es?

ESCENA I: EL DESEO SEXUAL

Sus ojos se miran sonriendo y él roza sus labios con la frente de ella. Desnudos en el mirador Montbau de Barcelona observan desde la lejanía una ciudad de la que no llega ningún ruido. Hay unas medias negras rotas  en el suelo.

Hace unos minutos, tan solo se podían oír los gemidos de dos cuerpos entrelazados, rodeados de florecillas amarillas bajo el sol de primavera. Ella, agachada, esperaba con la lengua fuera mientras él se masturbaba. Una sonrisa de deseo se dibujaba en sus rostros. Él gimió mientras se corría y lo desprendía todo en la boca de ella.

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Ella y él observando Barcelona al finalizar el rodaje. Imagen propia: Marta Bofill Filloy.

Existen infinitos puntos de vista a la hora de hablar de pornografía. El término proviene de las palabras griegas: porne (prostituta) y del sufijo grafía (representación). Sin embargo, estas dos palabras no son capaces de embarcar los múltiples puntos de vista que presentan las personas sobre la pornografía. Un actor pornográfico, un adolescente que empieza a crecer, una madre o incluso una persona que ha vivido el sexo como un tabú muestran distintas formas de vivir la pornografía y, en consecuencia, la sexualidad. El deseo sexual es un terreno realmente subjetivo y también un viaje solitario a la hora de descubrir el propio cuerpo.

“El ritmo cardíaco aumenta, sube la temperatura corporal y acostumbramos a cerrar los ojos (no queremos saber nada de lo que está sucediendo fuera)”, explica la escritora Valérie Tasso, cuyas obras reflejan una sexualidad desmoralizada. La autora comenta que el orgasmo es de las cosas más oscuras de definir pero más inequívocamente claras de sentir.

A lo largo del tiempo, el erotismo ha sido representado en distintas obras de arte. De hecho, la historia puede sorprender al mostrar que la representación del sexo sin represiones no es una novedad actual. Un gran ejemplo es el famoso libro titulado “Kama Sutra”, un antiguo texto hindú que no solamente propone diferentes posiciones sexuales, sino que ofrece un tratado sobre el amor y la vida sexual. Sin embargo, algunas veces la pornografía puede quedarse más a la superficie y condicionar el deseo sexual.

Sylvia de Béjar: “El deseo sexual no sólo es lo que se siente al principio de una relación, sino que se puede desear de otra forma, donde hay más protagonismo del esfuerzo y del tiempo”

Valérie Tasso defiende que el hecho de que designemos al cine pornográfico con el apócope “porno” se debe a que este no tiene mucho de grafía, ni por consecuencia, de representación. “En el porno se muestra solo una manera espectacular de interactuar sexualmente y se sigue un patrón sexual”, expresa la escritora. Además, la periodista especializada en sexualidad, Noemí Casquet, sostiene: “los deseos íntimos y las fantasías, como puede ser el BDSM o experiencias tántricas, no se muestran en la pornografía mainstream”.

“Si el único libro en el que te basas para mirar sexo es el porno, la realidad que ves allí no es la real”, afirma la sexóloga y escritora, Sylvia de Béjar. En su consulta, a veces han venido chicos jóvenes preocupados porque al experimentar el sexo con su pareja no se han excitado demasiado. “Cuando ven porno pueden parar la imagen, repetir escenas y además se suelen masturbar con la mano, probablemente, muy salvajemente. Pero al tener sexo con una mujer joven, esta suele ser blandita, suave…”, expone Sylvia. En su libro titulado “Tu sexo es tuyo” refleja que el deseo sexual no solo es lo que se siente al principio de una relación, donde todo es novedoso, sino que se puede desear de otra forma, donde hay más protagonismo del esfuerzo y de tiempo para recrear el misterio. Sylvia comenta que el porno puede enseñar nuevas prácticas sexuales pero no recrea este valor y esfuerzo.

ESCENA II: LA ÉTICA EN LA PORNOGRAFÍA

Se mueven con furor como las olas de un mar oscilante. La cámara, Ari, pretende captar los suspiros, las miradas, los mordiscos en el voluminoso pecho, los dedos en el pelo rojizo de ella, los ojos castaños de él, las manos gruesas en el trasero, la boca en el cuello. “No basta con solo mostrar la penetración, mi intención es captar que están disfrutando del sexo, captar las expresiones de placer”, expresa Ari. Ella se muestra cómoda ante la escena y busca retener las imágenes más descriptivas. Mientras, parece que ellos solo escuchan a sus cuerpos. Una turista mira de lejos y ríe. Paran. “Necesito agua”, dice él mientras la abraza, se ríen y se besan. En el mirador, la temperatura no hace más que aumentar.

“He estado en escenas porno donde he tenido que comprar yo el agua, y en escenas bajo el sol donde pueden estar hasta seis y siete horas”, dice Noemí Casquet. Según ella, muchos de los rodajes de escenas de pornografía mainstream se ciñen al guión de la grabación olvidando así las condiciones en las que las actrices y actores trabajan.

Las películas con escenas eróticas tuvieron lugar casi al mismo tiempo que la invención de los medios para grabarlas. Dos de los pioneros fueron Eugéne Pirou y Albert Kirchner, productor y director de cine respectivamente, con el cortometraje francés “Le Coucher de la Mariée” estrenado en 1903. En el film únicamente aparecía un striptease de la protagonista Louis Willy, pero el impacto fue de tal magnitud para la época en que fue rodada, que poco después otros productores cinematográficos se dieron cuenta del negocio que podían sacar. El éxito de la industria del porno parte de sus inicios más remotos, y desde entonces ésta ha crecido sin cesar hasta llegar a ocupar en la actualidad el número cinco en la lista de las industrias que más dinero mueven en el mundo.

Sin embargo, a medida que la pornografía se ha ido acrecentando a niveles multimillonarios, se ha ido olvidando cada vez más del ingrediente humano que la compone. “He firmado contratos que eran bastante abusivos, y he llegado a estar trabajando hasta 21 horas sin ningún tipo de paga extra”, afirma la actriz porno Amarna Miller en su canal de YouTube. Según cuenta la actriz española, como no existe ningún tipo de regulación ni sindicato en la industria pornográfica, los trabajadores están en un especie de limbo legal, permitiendo, por ejemplo, que en los contratos puedan cambiar el nombre y biografía de la actriz o actor para poder hacer lo que quieran con el “personaje”. “Es algo que no debería pasar, especialmente si estás intentando crearte una imagen de marca, lo cual es el caso de la mayoría de las actrices y actores porno, puesto que vivimos de ello”, cuenta Amarna. En el porno mainstream las condiciones laborales en muchas ocasiones son poco seguras, por lo que los derechos de los trabajadores se pueden ver vulnerados con mucha facilidad.

A medida que la pornografía se ha ido acrecentando a niveles multimillonarios, se ha ido olvidando cada vez más del ingrediente humano que la compone.

En contrapartida, está surgiendo lo que se conoce como pornografía ética, muy defendida por las actrices y actores pero poco promovida por la mayoría de los productores. “Los actores reciben un pago justo y son tratados con respeto y atención. Su consentimiento, seguridad y bienestar son imprescindibles y lo que aportan en la producción es valorado”, así es como define la pornografía ética la sexóloga y educadora norteamericana Tristan Taormino. Un ejemplo de ello son las escenas producidas por el director de pornografía ética, Nico Bertrand: “primero hay que conocer bien a la persona y saber aquello que le gusta y aquello que no, por eso hago entrevistas en vez de castings. Una vez pactado todo con la actriz o actor se hacen las pruebas ETS al menos una semana antes del rodaje y la persona elige si prefiere grabar con o sin preservativo, en caso de que se trate de una escena con penetración”. Sylvan Gavroche empezó su carrera como actor porno con Nico y para él, “como más ético sea el porno, más cuidado se ve el producto audiovisual y menos juzgado te sientes; no tienes a muchas personas delante esperando a que se te ponga dura”.

ESCENA III: FEMINISMO Y PORNOGRAFÍA, ¿COMPATIBLES?

Sentada encima de él, estira de su pelo mientras aumenta el ritmo con el que se mueven sus caderas. Sus pechos rebotan y él los besa. Ella lleva unas medias negras un poco rotas. Con la mano, él resigue su cuerpo carnoso relleno de cumbres y abismos y se pierde. Le rompe las medias por el trasero y quedan tiradas en el suelo. Ella grita. Cambian de postura y él acaricia sus partes más hirvientes. Ríen. La coge del pelo y la empuja hasta que clama de placer. “¡Ahhh!” gime. Se escuchan los azotes que le da mientras le toca. Le besa y vuelve a introducirse en ella. “Me corro” grita gimiendo a la vez que él no para de embestirla.

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Escena del rodaje para la productora TetaTita. Imagen de: Nubedecarbon.

 

“Que no todo gire en torno al falocentrismo. Las mujeres básicamente no consumimos pornografía porque no empatizamos con lo que estamos viendo”, dice Noemí Casquet mientras explica cómo la pornografía mainstream refleja no solo el patriarcado, sino “un modelo desigual en cuanto a género, orientación sexual, raza y cultura”. Una pornografía hecha por y para hombres. Hasta el porno lésbico está enfocado también hacia el hombre y hay mujeres con uñas kilométricas que se están metiendo los dedos y piensas: “Dios mío, le vas a desgarrar la vagina”. ¿Y todo por qué?  Porque hay que gustar al hombre”. “Estamos viendo un prototipo de hombre, de mujer y de prácticas que no representa todas las realidades”, concluye. Entonces, ¿qué tan compatible es la pornografía con el feminismo si no representa el deseo de manera igualitaria?

Noemí Casquet: “Estamos viendo un prototipo de hombre, de mujer y de prácticas que no representa todas las realidades”

Según Dworkin, escritora y activista del feminismo abolicionista, en el estudio “¿Qué decimos las feministas sobre la pornografía? Los orígenes de un debate” realizado por Nancy Prada, “la pornografía -toda ella- es una práctica de la política sexual, y al reproducir siempre la jerarquía de estos roles, es una institución de desigualdad entre los géneros y su función es similar al que cumple la propaganda racista en una sociedad racista: mantener el orden social establecido”.

El debate entre feministas abolicionistas de la pornografía y las que se consideran feministas pro-sex continua vigente. Prácticas como las de dominación y sumisión se cuestionan. Las primeras abogando que el peligro y su representación ha sido utilizado históricamente como instrumento de dominación. Las segundas defendiendo la importancia que tiene el placer para la causa de liberación de las mujeres, la reivindicación y exploración de su sexualidad, y exigiendo así el respeto a la diversidad del deseo y a las distintas formas de disidencia sexual.

Mientras parte del sector abolicionista considera como solución la “transformación del deseo”, el sector pro-sex defiende el consentimiento como límite del mismo. Deseos construidos de manera inconsciente en un sistema patriarcal que reproducen sus mismas estructuras ¿Se deberían transformar?

Muchas feministas del sector pro-sex consideran que este planteamiento sería regresar al concepto de “pecado sexual”, teniendo una visión puritana de lo que es “bueno o malo” en el sexo y oprimiendo la sexualidad femenina tan reprimida durante la historia. La historiadora feminista, Echols, considera que “la política sexual del feminismo abolicionista en realidad no nos ofrece otra cosa que valores sexuales tradicionales femeninos disfrazados de valores radicales feministas”. Para Nico Bertrand, lo bonito del sexo es que es libre y lo importante es ser sexualmente libre. “Me gusta practicar la sumisión y dominación y no soy machista por ello. ¿Por qué? Porque hay un consenso y para mí es un juego. Es simplemente una manera de vivir la sexualidad de otra manera diferente a la que estamos acostumbrados, pero se acaba ahí, no voy a llevar más allá mi práctica sexual de dominación fuera del terreno sexual en un momento sexual”, cuenta el director de cine porno.

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Entrevista a Nico Bertrand. Imagen propia: Marta Bofill Filloy.

Carol S. Vance, feminista pro-sex, considera que: “no basta con alejar a las mujeres del peligro y la opresión; es necesario moverse hacia algo: hacia el placer, la acción, la autodefinición. El feminismo debe aumentar el placer de las mujeres, no solo disminuir nuestra desgracia”. Autores como Preciado, opinan que “el mejor antídoto contra la pornografía dominante no es la censura, sino la producción de representaciones alternativas de la sexualidad, hechas desde miradas divergentes de la mirada normativa”. Un porno ético, de base feminista e inclusivo con todas las realidades es lo que propone desde una postura más contemporánea del feminismo pro-sex. Para Noemí, “el feminismo habla sobre la igualdad entre hombres y mujeres y ¿qué mejor que una mujer sea poderosa y sea consciente de sus deseos?”

ESCENA IV: LA EDUCACIÓN SEXUAL DESDE EL PORNO

Se tocan el uno al otro sin dejar de mirarse. Empiezan a desnudarse y ella se queda con sujetadores y unas medias negras. Tantean cada rincón de sus cuerpos y se van descubriendo sin prisa. La cámara ya ha empezado a grabar, pero para ellos parece que no existe. Van hundiendo sus manos en el profundo océano del otro y se encuentran por primera vez besándose.

¿Dónde empieza el sexo? La sexóloga y escritora, Sylvia de Béjar, explica que cualquier cosa que te haga vibrar eróticamente es sexo y no necesariamente implica un orgasmo. La pornografía es la representación audiovisual del sexo. ¿Pero de qué manera? Hay una idea generalizada, comenta Béjar, de que el sexo implica el coito. A este mismo argumento, el director del Centre de Joves d’Atenció i Sexualitat, Jordi Baroja, añade que la sexualidad no es solo una cuestión de riesgos, de embarazos ni de miedos, sino que también es placer y emociones. Sin embargo, la mayor parte de productos audiovisuales eróticos no contemplan esas miradas o caricias.

Hay un debate existente, cuyos pilares fundamentales son la pornografía y la educación. La pornografía se suele considerar una de las primeras tomas de contacto con la sexualidad, sobre todo entre chicos; argumenta Béjar. Ello genera unos conocimientos, dependiendo del tipo de pornografía consumida. Atendiendo que la mayor parte de pornografía consumible gratuitamente es pornografía mainstream, alguna de las ideas adoptadas acerca del sexo desde bien jóvenes son erróneas, pues “el porno refleja situaciones que no se complementan con la realidad”, comenta Béjar.

Sylvia de Béjar: “El porno refleja situaciones que no se complementan con la realidad”

A esta cuestión, se le añade la falta de educación sexual por parte de los colegios y el hecho de que haya muchos tabúes en la sociedad, detalla una de las directoras del Institut de Sexologia de Barcelona, Carme Sánchez. Así pues, frente a la cantidad de información existente en los diferentes medios de consulta, según Sánchez, “hay que tener en cuenta los valores, saber qué es correcto y qué no, analizar las respuestas sexuales, tratar la identidad de género… Y esto se consigue mediante talleres educativos y terapias”.

Aún así, hay poca concienciación de lo que una buena educación sexual significa. “No cuidamos lo suficiente el sexo. Hay poca gente que lo saborea”, explica Sylvia de Béjar en relación a las actitudes que se adoptan respecto al sexo. A su vez, Jordi Baroja, detalla las razones por las que los jóvenes acuden al centro: “normalmente las visitas son motivadas por una necesidad de urgencia”. Como solución a este problema, tanto Jordi como Sylvia, coinciden en que una de las herramientas es la comunicación entre padres e hijos y, para ello, afirman que es esencial que los padres conozcan su sexualidad y hayan establecido hasta qué punto están dispuestos a hablar de sexo con sus hijos; además de que diferencien lo que es un tabú de lo que forma parte de la vida privada. La directora sueca y pionera de la pornografía feminista Erika Lust declara: “la pornografía es la educadora sexual del siglo XXI. Por mucho filtro que pongas, se lo encontrarán en internet. Hay que educar, no prohibir”. De este modo, ha creado una guía (“The Porn Conversation”) para ayudar a los padres a hablar sobre porno con sus hijos.

La pornografía tiene reservado un espacio en la educación afectivo-sexual, siempre y cuando refleje la realidad, comenta Béjar. Carme explica que la pornografía reproduce escenas enmarcadas en el coitocentrismo. La directora del Instituto de Sexología de Barcelona plantea un porno como el de Erika Lust o un porno educativo, que sirven de ayuda para hacer terapia; como las novelas o los juguetes eróticos.

FUERA DE CÁMARAS: EL CONSENTIMIENTO

  • ¿Te podrías presentar un poco?
  • Me llamo Eva Autumn, tengo 23 años y soy actriz porno.
  • ¿Qué te parece el porno?
  • Es divertido pero es un poco a lo loco. Ya que no se suele tener el privilegio de conocer bien a la otra persona y para mi es primordial que haya una buena conexión.
  • Cuéntame detalles que te gusten del sexo
  • Me gusta que me muerdan el pecho y me parece muy erótico que me rompan las medias. De hecho, yo prefiero ser sumisa. Me gusta que me digan guarradas y que me escupan en la cara, que me peguen en los pechos.
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Eva Autumn minutos antes de empezar el rodaje. Imagen propia: Andrea Vargas Torrentó.

Sylvan Gavroche entrevista a Eva Autumn momentos antes de tener sexo con ella en el mirador Montbau de Barcelona. Ari registra la entrevista. El actor porno quiere que ella deje claro qué le gusta y qué no. Tan solo hace unas horas que se han conocido y dentro de poco empezará el rodaje.

Eva Autumn y Sylvan Gavroche acordando las condiciones del rodaje. Imagen propia: Andrea Vargas Torrentó.

El siguiente vídeo muestra una recopilación de aquellas declaraciones más significativas para la elaboración del reportaje.

Links de interés:

Valeria Alvarez Spiers (@valealsp)

Andrea Vargas Torrentó (@andreew04)

Laura Serrat Casamitjana (@LauraSerratC)

Marta Bofill Filloy (@MartaBofill9)

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