El Centre Jove d’Atenció i Sexualitat (CJAS), además de acoger visitas que atienden a cuestiones sexuales, realiza unos 250 talleres al año que promueven una educación afectivo- sexual, que no suele aparecer en los currículos escolares. La mayoría de talleres duran dos horas. Sin embargo, algunas veces, con este tiempo tan ajustado, puede resultar difícil responder todas las preguntas de unos adolescentes que no están acostumbrados a tratar el tema de la sexualidad con naturalidad.

Por una callejuela del distrito de Gracia de Barcelona, empiezan a resonar los chillidos y las risas de unos adolescentes emocionados que avanzan hacia el CJAS. Tienen entre catorce y quince años y es la primera vez que reciben una clase de educación sexual. Entran en el espacio donde se realizará el taller. Sobre una mesa, hay una serie de objetos que les resultan extraños. Se trata de diversas clases de preservativos. Se sientan en círculo y esperan expectantes que la profesora empiece. Un sector de la clase ríe y hace bromas. Carol Checa, la cual ha cursado un máster en sexología y otro sobre feminismo y género, comienza el taller diciendo: “reís para poder relajaros, ya que el sexo es un tema que puede provocar vergüenza”.

“El sexo puede provocar emociones como el miedo, el amor o incluso la vergüenza” expresa Carol. La mayor parte de información sexual que reciben los adolescentes y los jóvenes suele proceder de Internet. “A los adultos no se les ha enseñado a hablar de sexualidad. A veces empiezan a poner eufemismos a todas aquellas cosas que envuelven la vida sexual”, explica Jordi Baroja, director del CJAS. De hecho, según un estudio realizado por Coaching Club, un centro especializado en terapias grupales y en cuestiones de familia e infancia, publicado en el diario ARA, refleja que la sexualidad desinhibida es una de las principales preocupaciones de los padres. “La falta de información puede convertir en juegos las relaciones sexuales, sin tener en cuenta las enfermedades de transmisión sexual o los embarazos”, expone el estudio.

La clase está alborotada. Ríen y muchos quieren hacer preguntas. Sin embargo, algunas personas de la clase se mantienen silenciosas, pero con los ojos fijos en las explicaciones de Carol. Las chicas son las que están en silencio.

  • ¿Abortar es malo? – Pregunta un niño con expresión curiosa.

Carol le explica que el abortamiento es una operación que se puede hacer de forma legal y gratuita en nuestro país, pero que no debe convertirse en un método anticonceptivo.

  • ¿Cuándo dos personas se besan se puede pasar el SIDA?- expresa otro niño.

Los chicos continúan haciendo preguntas y Carol se da cuenta que no puede responder a tantas preguntas con el tiempo limitado. “Sólo va a dar tiempo de hablar de las precauciones que se pueden tomar y de hacer algunas pinceladas sobre el placer o el deseo”, manifiesta Carol. Le gustaría tratar temas más abstractos y a veces olvidados, como el placer, pero el tiempo está marcado. Jordi Baroja sostiene: “Normalmente, las visitas que recibimos en el centro están motivadas por una necesidad de urgencia. Nadie enseña a los jóvenes que el tema del placer es prioritario”.

La clase se ha tranquilizado y Carol empieza a dejar sobre la mesa temas como la transexualidad o la masturbación femenina. Ahora no se escucha ningún ruido.

  • ¿Qué quiere decir transexualidad?- Pregunta un niño al descubrir una nueva palabra.
  • ¿La masturbación es más normal en los chicos, no? – Comenta una niña un poco ruborizada.

“Los chicos no muestran dificultades a la hora de dibujar sus genitales. Por contra, las niñas tienen problemas para dibujar los suyos”, sostiene Baroja. Los jóvenes suelen consumir mucha pornografía, pero ésta a veces muestra un modelo androcéntrico del sexo. La escritora Valérie Tasso en su libro “El método Valérie” expresa: “Este modelo androcéntrico en el que la mujer tiene un papel secundario es sólo un modelo de conducta erótica, y en ningún caso la sexualidad humana”.

Al terminar la clase, Carol les dice a las chicas que se queden unos minutos. Los chicos abandonan la sala y todas ellas cogen sus sillas y las llevan en medio. Carol les explica que deben conocer su cuerpo para disfrutar de la sexualidad. Les menciona el misterioso clítoris y algunas la miran con ojos sorprendidos. Preguntas sobre la primera vez o los cambios en el cuerpo son las que más abundan.

La profesora sale de la sala y dos chicos se acercan a ella para hacerle preguntas. “Siempre vienen al terminar el taller, en solitario o de dos en dos, delante de la clase no se atreven a preguntar temas que son más tabú”, explica Carol.

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La sexóloga Carol Checa antes de empezar el taller.  Imagen propia: Laura Serrat Casamitjana. 

Laura Serrat Casamitjana (@LauraSerratC)

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